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La puta sumisa de Mar

Llevaba un vestido blanco de una sola pieza, corto. Le quedaba como un guante y sus piernas largas sobre zapatos altos partían del muslo. Le quedaba como una minifalda muy corta.

Bailaba como una gogo. Con sus rizos cayendo sobre su carita de viciosa y sus pezones duros retumbando a cada golpe de música. Me lanzaba miradas, me incitaba a imaginarla con la boquita abierta. Fuimos a su casa.

Me sentó en un sofá y me dio un wisky. Se sentó a mi lado y cruzó las piernas dejando claro su muslo perfecto y colocando la espalda recta. Irguiéndose altiva y parpadeando, haciéndose la distraída.

- Se te han corrido alguna vez en la cara? Dije.

Sorprendida.

- Sí claro, me encanta que hagan eso.

Yo más sorprendido aún. Se sube la falda y se sienta sobre su microscópico tanga. Otro trago.

- Te puedo llamar putita?
- Claro cielo, me encanta que me insulten.

Me mira y abre la boca, saca la lengua pasándosela por los labios.

- Eres un cabrón salido como a mi me gusta.
- Ponte a chupar puta.

No lo hacía nada mal. Moviendo su culo a la par que su boca.

- Hasta los huevos, zorra de mierda.

Mmmff, mmggg... gemía casi sin poder tragar. Se la saco para respirar y le colgaron dos o tres hilos de saliva de mi gorda polla a su lengua. Los chupó y relamió tragándolo todo.

- Dame tu culo y sigue con eso.

Le metí un dedo por su prieto culito mientras se metía mis cojones enteros en la boca.

- Eres mi perra y vas a hacer lo que yo te diga puta.

Mientras le metía el dedo con más fuerza, jodiéndola. Puso carita de dolor, le había jodido bien.

- No te he dicho que pongas esa cara ni que te saques mis cojones de la boca.

- Perdóname por favor, no volverá a ocurrir.

Dijo llenándose la boca de cojones.

- Eso es, ahora te estás quieta y echadita.

Se echó a un lado mío, cerró los ojos y con la boca abierta , llena de mis huevos, apoyó la cabeza. Echada en el sofá casi podría oír el sonido de sus pelitos contra el sofá. Sin moverla, le metí un dedo por su culo supercerrado. Respiró más rápido pero no cambió de cara. Le metí otro dedo mientras notaba su culo ceder. Sus cejas temblaron levemente, haciendo una pequeña arruga, le había dolido. Los saqué de un tirón. Un escalofrío partió de su culito respingón hacia arriba y abajo, dejando escapar uno de mis huevos. Los relamió, se incorporó y me dijo al oído.

- Ahora te compenso.
- Más te vale.

Me metió la lengua en la oreja. Yo sentado en el sofá, con la polla dura. Ella se coloca a cuatro patas, sometida con solo un collar de pinchos en su cuello.

Me ofrece su ano. Yo, sentado, no me movía, ella lo movía en círculos, solo sus caderas. Me levanté sin ruido y se la metí hasta los huevos de un empujón.

- Gimió alto y se arqueó.

Cerró las piernas, su culo estaba en alto, yo inclinado, flexionando las rodillas, la jodía profundamente.

- Te gusta tener mi polla gorda metida en el culo, eh zorra?

Mientras escuchaba el golpear de mis cojones en su culo.

- Ah, si , me encanta, métemela más. Hasta el fondo, dale a los huevos bien. Ah, ah, ah, ah, ah, ah....
- Jódete, jódete puta, que sé que te gusta que te jodan. Perra d mierda.

Me quedé quieto con la polla ensartada entera. Cogió aire. Se empezó a mover ella, primero con las caderas de un lado a otro, asegurándose que tenía la polla bien metida. Luego empezó a joderse ella sola salvajemente. Su culo, vibraba a cada embestida.

- En tu carita puta de mierda...

La sacó y se dio la vuelta. Abría la boca con ara de dolor. Debía tener el culo rojo. Me corrí a lo bestia. Ojos, nariz, boca, parecía no acabar nunca de salir. Dejó que le cayera por toda la cara y luego se la metió en la boca mirándome fijamente y tragando lo que aún salía. Sonrió toda pringada de mi leche y se relamió la boca.

- Muy rico. Me darás más luego?
- Ya veremos zorrita, ya veremos.

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